28 junio 2008
Revista Iguanazul 5 de venta en...

Casa de Cultura de Juchitán de Zaragoza
Belisario Domínguez s/n esq. Colón, col. Centro CP 70000, Juchitán de Zaragoza, Oaxaca
Tel. (01971) 711 13 51, 711 45 89
Casa del Escritor de Puebla
5 Oriente 201 Centro Histórico, Puebla, Pue.
Tel: (01222) 246.3329
11 junio 2008
04 junio 2008
Iguanazul en la Casa de Cultura de Juchitán Lidxi Guendabiáani
Iguanazul 5 en la Casa de Cultura de Juchitán Lidxi Guendabiáani

Delfino Marcial Cerqueda, Cristian Pineda y Yolanda Zamora
Revista Iguanazul 5 en Bolivia
17 mayo 2008
15 mayo 2008
01 mayo 2008
30 abril 2008
Sección Índigo Delfino Macial Cerqueda

Delfino Marcial Cerqueda (Juchitán de Zaragoza, Oaxaca)
Ha realizado estudios en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos y en la ENAP-UNAM. Ha expuesto en el Centro Cultural “La Recolecta”, promovida por la Asociación de artistas papeleros de Buenos Aires, Argentina; en el Club Latinoamericano de Papeleros, promovida por la ABPTC-31°; en el Congreso Internacional Industria Celulosa y Papel, Sao Paulo, Brasil; en la Galería Frida Kahlo; en la Galería Artusts Unlimited, Bielefed, Alemania y en el Museo Universitario del Chopo-UNAM.
"Cuando uno conoce a personas como Delfino Marcial Cerqueda agradece infinitamente que en este mundo existan seres como él, que sepan volar y que además nos permitan, a quienes nos mantenemos como simples espectadores del color, volar la imaginación, ubicándola en un remolino de luz. Con esa intensidad, nos hace transitar en una espiral de tiempo, desde el simbolismo prehispánico hasta las figuras más abstractas que nos hacen sentir atemporales huéspedes de una ciudad postmoderna, de construcciones imposibles, en la que sin embargo, uno nunca se siente extraño.
Por el contrario, la fuerza de los colores vivos que habitan la obra de este artista nos invita siempre a un mágico recorrido, desde lo figurativo a lo abstracto, de antiguos símbolos a figuras geométricas, de cuentas míticas a pasajes poéticos. (...)
En este iridiscente mundo que Marcial Cerqueda ha creado, él transita, sin remordimiento alguno, de seres imaginarios que van narrando extraordinarios cuentos, a corazones tatuados en amate y a rostros de héroes no tan anónimos, de la prístina serpiente a la fantástica geometría... Delfino nos invita a acompañarlos en un viaje de luz y color por esa espiral del tiempo". (Pineda, Irma, Espiral de Tiempo, Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y el Arte A. C.)
31 marzo 2008
Eduardo Montagner Anguiano habla acerca de Iguanazul
La multiculturalidad y el plurilingüismo en la revista Iguanazul
Eduardo Montagner Anguiano
Imagen: Presentación en el Museo Nacional de Ferrocarriles Mexicanos
Si ya de por sí es de una complejidad mayúscula el nacimiento y continuidad de una revista con intenciones culturales escrita en lengua nacional, la creación y mantenimiento de una revista con estas características pero que además se atreve a incluir en sus páginas textos en lenguas que no todos entienden es, sin temor a exagerar, un milagro.
La cultura es minoritaria, a veces por elitista y otras por subterránea; dentro de este carácter minoritario, la literatura estrecha más los límites, ya sabemos: la gente lee poco, los libros están muy caros, casi todos los medios de comunicación impulsan entre las generaciones jóvenes la idea de que leer es alejarse de la vida.
Luego de tales consideraciones, encontrar una publicación que encima se orienta hacia el ámbito de las lenguas minoritarias y, no conforme con eso, que une estas lenguas con la creación literaria, considero que es un evento afortunado, que debemos celebrar; constituye una prueba de los optimismos frecuentes en los discursos oficiales que nos hablan de las lenguas maternas, discursos en que siempre se alerta sobre el peligro cada vez mayor de pérdida o desplazamiento de las lenguas que forman el mosaico lingüístico de nuestro país, advertencia que, como bien sabemos, es pertinente por apremiante y cierta.
En los mismos discursos, se suele concluir que es importante fomentar el nacimiento de políticas y productos culturales que coadyuven al propósito de conservación patrimonial y que respondan a las demandas, cada vez mayores por fortuna, de los propios usuarios de estas lenguas en riesgo. En tal sentido, la revista Iguanazul es un medio impreso por completo coherente con la multiculturalidad y el plurilingüismo que caracterizan a México dentro de sí mismo y en el mundo.
Pero Iguanazul tiene otra peculiaridad que considero muy sana y mencionable: receptiva a la profusión de ángulos culturales desde donde cada mexicano construye su identidad, hay en ella espacio también para textos creativos en español, generalmente de jóvenes que se encuentran en el constante, arduo pero riquísimo camino de la búsqueda expresiva.
Así, califico a la revista Iguanazul como un espacio para la cretividad pura, desnuda de lenguas porque las incluye a todas, política lingüística de gran importancia porque termina poniendo en un mismo nivel, como desde luego lo están, a los creadores que recurren a la oficialidad de su lengua materna y a los que siguen, a contracorriente, ofuscados y por entero absortos, creando en sus palabras más próximas, palabras irrenunciables porque quizás, de lo contrario, no conseguirían del todo plasmar lo que internamente más los mueve.
Este igualamiento de niveles nos remite a lo que los lingüistas tanto propugnan: el sano bilingüismo, la biculturalidad desde la que es más fácil y genuino enorgullecerse de la propia lengua y además aceptar al otro, a los tantos otros, porque se parte de una aceptación interna, de reconocer, y saberse reconocido, como ser humano cuyo instrumento expresivo primordial, la lengua materna, encuentra cabida junto a la esencia creativa de los demás.
Abierta a distintos géneros literarios, incluyente de lenguas maternas no sólo poblanas, en este número encontramos por ejemplo un texto en lengua huichol, otro en zapoteco, uno más en mixteco, y vemos también cómo los creadores en lengua indígena se introducen en dinámicas culturales a las que llegan con la seguridad que sólo puede dar el reconocimiento pleno de la propia identidad, como es el caso del escritor de origen totonaco que entrevista al poeta Juan Bañuelos.
El proyecto cultural de Judith Santopietro es fuerte y así lo hemos constatado al ver, por ejemplo, que ha sido la impulsora de la publicación de textos en lengua materna en periódicos de amplia circulación local, cosa que, aunque parezca cotidiana, de ninguna manera lo es. Los espacios para la expresión de estas lenguas están cada vez más restringidos, y es necesaria mucha dedicación y fuerza pelear por ellos sin declinar.
Esperamos mucho más del proyecto de Iguanazul. Confiamos en que así será porque podemos sentir la fuerza motriz que le da origen y perseverancia.
16 marzo 2008
Iguanazul 4 Sección Índigo
Las ilustraciones de Iguanazul 3 estuvieron a cargo de:
Gustavo Mora Pérez
Nació en Puebla en 1975. Estudió la licenciatura en Artes Plásticas en el Instituto de Artes Visuales del Estado. Produce gráfica y pintura; y actualmente tiene el estimulo Jóvenes Mayores de 30 años que otorga el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla
Iguanazul 4 Poesía | Cobalto

Celerina Patricia Sánchez Santiago (Tuún Ñuu Savi/mixteca)
na ndachikogo
nuu tu’un tsavii
tono ta kandi savi
kunugo tsanu yata tono saanso
ña nchikavana nuu nchika
kue nana ñaa savi
ri meekwi nchi nde’e
ñu’ùn vikoyo’o
ta kue na’an saanso
ri anua kue ña saanso tsio
Recordar
retornar
en la palabra
sólo un instante
tejido de sueños milenarios
guardado en los senos
maternos de las mujeres de lluvia
que han engendrado
esta tierra de nubes
en amaneceres legendarios
de amor ancestral
Iguanazul 4 Narrativa | Iguanal

Marikikii
Gabriel Pacheco Salvador (wirrárica/huichol)
Imagen de Gustavo Mora
Meripai, nunutsi kaniuyeikakaitini kwinie ti’iyarixieti. Marikikii mamaya tiniteriwakaitini kwinie ti’iyarixieti. Kepauka hawai miiki meukweiyaximeni kaniuyuti’awiwietakaitini. Kwinie katiniyutihiawetiyeikakaitini. Miixa kanaka’iyuniwakaitini, mana xeikia ‘uti’eriti, tsi marikatsie xeikia kaniuyuyuipikekaitini ‘iyarieya.
‘Aimieme taikai mikahunitsie, mana xeikia ‘uti’erieti kwiti mikaheukukutsukai “titayari ri teiteri temitekukukuwe, tita ri ‘aimi rainekaku temite’iyitika. Kee ri’aimi reu’erieka miikiti, metakuta netimariwa kename waniu miikite meka’uti’iwe, kari miki kwinie mepite’ukanenewie, meta kuta ne ne’itukati nekayiwe ‘enemireutere, kari miki mepeuyunanaimaku, xeiyati ‘uta’ieme mana miniuyeikani, kari mipai mepikayiwe”, ‘ipai xeikia tiyikihiaweti wairiyarika meukuni.
Ximeri mayihitiani, yaki reumati manukukeni: taikai tari maye’anitsie, marikatsata xeikia miyihiani, matsi ri kwi yiwikita, marikaki ta’aurie tima mikahawautseni, tsepa tapa xeikia heuti’uxeti mitikaa, mika tima kuyuaxiani mitiuka’iyarikai, ya tsepa kereuximiti mitikaa mika ta’ana tima ‘etsiwa kuyuaxiani. Metsi heiwa yunewati kaniukatariyariwakaitini, heiwa ta xeikia heutikwaraniti, heutipexaniti tiukahekiariyariwakai. Heiwa ‘aku marikatsata miyukuwairiya, yu’itari mikatixiximani. Metsi karetatsie mikahupukai, yu’itari tetsipa pai xireme kanixierikaitini.
Mamaya titi tsikapitite’akai, kwinie miranayexiximuriki’iakaiki karetatia. Wa’atiti mana ‘una pititinena puxuri, wakaitsixi, hau’erieti tsipurimati kwie tsenati xeikia memutamarikekai, tatsieti xixieya titi xeikia metseenati memutiyinekai.
Heiwa xei tuukari memaka’iyunieni kwie xeikia metseenati, kewa tsiari ‘ixa memitikwanikekai, miya pita xeikia ti’ane metekwati ekanaka’iyuniwakaitini.
Miya riki mete’utiyuruwati Marikikii karetaya mekanakaina. Miya mitiiyitsie, kauka miki yukaretatsie pai titi nikakaatei, ‘anatsie ta kauka kwi yutetiata pai nikutsukai, kepauka riki waniu kwiepa pai mukawe ‘atsi kapireyutima, wakaxike waniu riki hetsiena hakeku kanayuyemarieni.
‘Ana titi ri mitiyetia, kwiepa kuhuneti kanayani, kwie tsenamete tari ri waniu’anake mekateniuhayewa, tewa meneutayeixiani. Miixa hau’erieti xeikia kanikuhunekaitini. Taikai ri maye’ani takwa xeikia kaniihiiwakaitini, tixaiti tsiki pai.
Tihutame xeikia ri waniu tikuhurieneti kaniyianekaitini: nawi yayeume hupumeya, ‘ixuriki ri waniu tsaanime ‘ikarieya. Mamaya waniu miya titsanime yu’iwi kanihuritiakaitini. Miya tipai tikuhurieneti kaniukatariyariwakaitini.
Miya riki ‘utiyiti miixa yitsiki matia ’ukahuputi kanayani. Kitenie xeikia menikuhipitekaitini. Xeeri tari mawautsekaitsie yitsiki tapati xeikia kaniukatariyariwakaitini. Miki tari yukutsiyari ‘utihiweti, ‘utixiriyati kanayani.
Heiwa riki waniu, kuxieneti kanewayeyani Marikikii mamaya. ‘Ana waniu riki, yuniwe mu’uyatsie kanakeni. Marikikii waniu yapauka kaniuta’ieni marikaki, ‘axa waniu riki tiniuhiwa, wa’atiti waniu tsiki pai ‘etsiuwatikaku kanenuyurieni, ta tsieti ri waniu tsiki ‘utanautsaku mitiyianekai. ‘Ana waniu riki ‘ukaratsi tsikapirekaha’atiya, tsi kauka marikaki neuyuyehiani tima, ha’ati tiketsame waniu kaneukukweixiani, mikiki waniu riki yuniwe kananukawaxiani tsiki’erieti. ‘Arikeke waniu riki, mutatsuatsieke ‘axa katiniu’erieni. ‘Anake waniu riki nihayewa. Marikikii tari waniu wairiyarika ‘anayexixiimetiyaka kiru’a kaneukumiekaitini. Miya tiuyuriekake waniu riki kaneuyutamaixiani ‘ukaratsi. Yapauka waniu riki niuytahiwa, yuniwe niutihiwietiyani:
—Ne Matsiwa, hakewa pepeekaa, keneneuta’eiya.
—Tiuhiwati waniu nai kitenie ‘utsiki nakikixiyani.
Miya yianeti xuriya xeikia mukaxei, kiru’a meukuhapanekai. Mana metsi waniu mukune xixiimiri xeikia waniu ‘axa’anekia pai meukayunekai.
Miya ri waniu matsi tiniereti, kaniuyutihiwerietiyani, ‘utatsuati xeikia mana kanika’iwaunekaitini:
—Hakewa ri ne kama, neMatsiwa kepetiuyunixi- tiuhiwaiti waniu mana kuxi nikakixeneni.
Miya yianekaku waniu riki niukahekiare, tsuariki matsi waniu riki nayani.
‘Arike waniu riki haki’utia pai neukaniere, muwa pai waniu tituxati tinatiniereni. Mana pai waniu heitserie mexiima matia. Hura mukanetsie waniu, nu’aya niyianeni; yapauka waniu ‘itikweka yukie pai kaneikweni. ‘Akuxi waniu ‘etsiwa mu’iwekai, xeikia ri waniu mikaniuwekai, tsi kwi yutenitsie, yumu’utsie, yuwuaritsie kaneuweiyakaitini, ‘aimieme waniu riki kapiniuwekai, kapiyuawekai ketsi ‘aku waniu tiuyuxaca, tserime waniu xeikia kaniutaxeiyakaitini.
‘Ana me waniu rikike yukitapai mineitakwei, muwa paike me waniu mini’uayema. ‘Anake waniu riki tsitikihiaweti, tsitikwitiwati katinitimikwakaitini. Kakua ‘axia tineyiwe, me waniu riki ‘anake wairiyarika tsuaritsata yuniwe kananayehiani. ‘Anake waniu riki “nekema neMatsiwa tsimipe” mamaya timareti kanayani, kauka riki titi waniu Matsiwa titewati neyianekai, xeikia ri Marikikii mukamakaiki.
Marikikii
Hace años vivía un niño muy acuitado. Su mamá lo apodaba Marikikii. Solía esconderse cuando veía pasar gente con un muerto. Solo, se ponía a meditar. Duraba mucho tiempo pensando en la muerte, porque le preocupaba mucho que la vida se terminara. Por eso, por las tardes, cuando acostumbraba acostarse, no dormía pronto por estar pensando:
—¿Por qué será que los hombres morimos? ¿Por órdenes de quién nos sucede? ¿Qué se sentirá estar muerto? Realmente he escuchado que los muertos no respiran, ¿qué las personas que se hacen pasar por muertos aguantan mucho? ¿Y por qué yo no puedo aguantar tanto? ¿Por qué ellos se martirizan? Es bien sencillo, deberían respirar y volver a la vida normal. —Así pensaba continuamente.
Al despertar, se levantaba con casi nada de inquietud, pero cuando atardecía entraba en un mundo de temores y cuando ya oscurecía, no podía ni moverse de su cama del miedo que lo aterrorizaba; le tenía sin cuidado si estaba cansado por mantenerse en una sola posición, lo que importaba era no moverse, ésa era su resignación. Hasta se olvidaba de las ganas de orinar, lo primordial era hacer caso al miedo. Muchas veces amanecía casi orinándose de las ganas que se le acumulaban durante toda la noche, y otras veces amanecía muy mojado de orines. Pocas veces, entre el pánico y el horror de la oscuridad, lograba con algo de valentía salir a orinar fuera de su cama porque, si bien dormía en un carretón, lo que hacía era moverse ligeramente a la orilla de su tendedero y por ahí orinaba.
Su mamá solía regañarlo mucho, porque ya estaba harta de oler orines debajo del carretón. Los animales como burros, vacas y chivos acudían abajo del carretón y lamían la tierra como si se tratara de una veta de sal, no eran más que los orines lo que lamían los animales.
Había días en que los animales duraban hasta un día lamiendo la tierra, y ya no se daban tiempo ni para comer pasto, su entretenimiento era más interesante.
De tanto que lamían, los animales lograron derribar el carretón de Marikikii. Cuando esto sucedió, Marikikii estaba profundamente dormido arriba de su carretón, no sintió cuando cayó al suelo, más bien una vaca lo despertó con su pisada.
A partir de esta tragedia, Marikikii dormía en el suelo y hasta entonces los animales se fueron lejos. Mucho tiempo duró durmiendo en el suelo; cuando ya atardecía su mamá lo dejaba en el patio como si él fuera un perro. Y Marikikii sólo se valía de dos cosas: un pedazo de cuero en el que dormía, y un pedazo de trapo viejo que su mamá usaba de falda, y por no tirarlo se lo había dado a su hijo. Era todo lo que usaba para amanecer.
Duró mucho tiempo durmiendo así, hasta que se acostumbró a dormir con su perro. Dormían en la entrada de la casa donde vivía la mamá. En tiempo de frío amanecía abrazado a su perro. El perro se volvió protector de su amo, además de su calentador.
En una ocasión, la mamá de Marikikii salió de su cuarto para ir a orinar en plena oscuridad. Cuando dio el primer paso pisó la cabeza de su hijo, inmediatamente Marikikii gritó, gritó feo, casi como lo hubiera hecho un perro, pero aquí el perro ya había corrido. En ese momento la mujer casi se moría de coraje por el susto que se estaba llevando; muy enojada agarró la tranca de la puerta y con ella le pegó a su hijo pensando que le daba a su perro. Tardíamente se percató de que no era el perro y dejó de azotar. A fuerza de arrastrotes y de estirones, o como haya sido, Marikikii había logrado esconderse detrás de la casa. Muy después de los azotes, la madre recapacitó y gritó a su hijo:
—Mi Matsiwa. ¿Dónde estás? ¡Contéstame! —Gritando así, buscaba alrededor de la puerta alumbrándose con ocote.
Lo único que encontró fue sangre que conducía hasta atrás de la casa. Al llegar allí, sólo halló rastro de rodado que se encaminaba a una barranca poco accesible. Cada vez su preocupación era más intensa y su tristeza se convertía en llanto, en ese estado menos dejaba de rastrear y seguía alumbrándose con ocote:
—¡Dónde estás!, mi pequeño Matsiwa. —Gritaba y no paraba de buscar.
La madre no paraba de llorar ni tampoco de buscar a su hijo, pero la claridad del nuevo día pararía su labor.
Con la ayuda de la luz del día se asomó al arroyo, allá divisó algo que blanqueaba. Rápido se dirigió a ese lugar. Cuando le faltaban escasos metros para llegar, distinguió que era su hijo; pronto lo cogió con cuidado y se lo llevó a su casa. Todavía respiraba poquito, pero no podía hablar ni mucho menos moverse porque los azotes habían sido en la boca, en la cabeza y en la espalda, por eso estaba tieso y acostado.
En ese momento lo metió dentro de su casa y ahí lo curó. A partir de entonces empezó a platicarle bonito y a cantarle gustosamente para luego darle su comida a la hora. Seguro sí se puede conseguir lo deseado, porque a duras penas y entre sollozos, la madre logró salvar la vida de su hijo. De ese hecho en adelante, la madre acostumbró llamarlo Nekema Matsiwa Tsimipe, sólo que por miedoso su madre lo apodaba Marikikii.
[1]
Traducción literal de “Mi querido pequeño Matsiwa”.
Iguanazul 4 Añilería | Teatro

(fragmento)
Imagen de Gustavo Mora
Sinopsis: Un pueblo en las faldas del volcán vive una intensa sequía. Hace cuatro meses que se murió el tiempero y no se sabe de nadie a quien éste haya dejado su cargo. La crisis en el pueblo aumenta cuando Gertrudis, la hija del tiempero, y que es una mujer poco apreciada en el pueblo por no tener hijos y haberse casado con un buen partido, revela al pueblo que es ella la encargada de continuar la tradición y hacer llover.
Acto IV
Gertrudis se encuentra en el valle, se prepara para hacer las invocaciones a Ehécatl, dios del viento, y a Tláloc, dios de la lluvia, para que llegue el agua. Toda la primera parte en una especie de ritual ceremonial.
(Gertrudis silba en un caracol).
Gertrudis: Aquí estoy, oh, Ehécatl, soy la mujer que dicen que soy; soy quien sueño las milpas creciendo y así es que te llamo, con mi voz de lluvia, de hermana del agua; no soy más que tu aliada, tu ama y servidora. Ven viento y trae el aviso, trae a la nube que reviente de gorda y moje la tierra, aquí estoy Ehécatl; reconoce mi voz que desde ahora te manda y obedece, señor del viento Sur, del viento Norte, del viento Este, del viento Oeste.
Ayudantes de Ehécatl: Viento Sur, viento Norte, viento Este, viento Oeste.
(Gertrudis saca una mazorca vestida y la pone en la tierra, ofreciéndola).
Gertrudis: Aquí estoy madre, y tal vez no te entienda porque no tengo hijos, pero sé de la fuerza de la vida, de la planta que se obstina en crecer, de las raíces hondas de la milpa que se anidan en tu vientre, das vida, pues sin ti nada pasa. Eres madre, eres creadora, a ti mi voz.
Tierra montaña, tierra valle, tierra monte, tierra milpa.
Chantil de tierra: Tierra montaña, tierra valle, tierra monte, tierra milpa.
(Gertrudis ofrece sus manos en modo ritual).
Gertrudis: Aquí estoy Tláloc, sueño mi sueño en él me hablas, y es ahora que reconozco tu llamado; soy hija del agua y a ella me entrego, permite que la tome en mis manos y la lleve a la siembra del campesino. Dame tu confianza, que mi voz de mujer se ha templado y sabe los tonos del maíz que crece. Soy flor, soy piedra, soy caña, soy luna, soy el sueño que me tocó soñar, no tengo miedo, soy agua dios de la lluvia, soy tu hermana, soy tu hija, soy la nieta de los antiguos, soy aliada, soy cómplice, soy mujer y en mi voz corre el agua para mojar al maíz tierno, bienvenida el agua, bienvenido el trueno, que la vida quiere contar su historia.
(Gertrudis comienza a adquirir ciertos rasgos animales y continúa su rito. Las viejas uno y dos llegan y observan, escondidas).
Gertrudis: Soy venado, soy coyote, soy águila, soy gusano, soy mujer.
Tlaloque dos: Soy serpiente.
Gertrudis: Soy nahual.
(Gertrudis baila convertida en venado. En segundo plano, se oyen las voces de los tlaloques, mismos que junto con los chantiles se irán incorporando al rito poco a poco, en una especie de danza).
Tlaloques: Nehuatl mazatl, nehuatl coyotl, nehuatl cuautli, nuehatl coatl, nehuatl nahuali. (Se repite).
(Viejas uno y dos se van corriendo).
(En este momento del rito Gertrudis danza. La noche se acerca, se escuchan truenos que anuncian lluvia pero ésta sigue sin aparecer).
Gertrudis: Dioses del antes y el ahora: Tláloc, Nanahuantzin, Ome Tochtli, Quetzalcóalt, Tezcatlipoca, Xochipilli, dios del maíz tierno; los invoco, en momento de trueno y lluvia, de vida que sólo quiere ser vida. ¡Huitztlampa, nictlampa, tonatihu icayacan, kan calaqui tonatihu¡ (¡Sur, Norte, Este, Oeste!) ¡Nican inin calli! (Ésta es la casa), In teoyo tetl (la piedra sagrada), in ixtlahuac kanin, techtlatictemic tlactipac, (el valle donde se sueña el viento), ihuan ipiltzin tleyolle (se sueña a la tierra, y a su hijo el maíz).
(El pueblo llega con antorchas, las viejas uno y dos van al frente de éste).
Vieja uno: Calla bruja, que en este pueblo no queremos el mal.
Vieja dos: Ser seca es castigo de Dios, por eso quieres vengarte de todos nosotros. Aquí sólo eras bien vista por ser la hija del tiempero, pero ahora más que nunca eres maldecida.
Vieja uno: ¡Hay que quemar a la seca!
Vieja dos: La seca que se cree tiempera.
Vieja uno: La seca, bruja.
Chano: Las mujeres son frías; no saben de lluvia, ni de tierra; los secretos de la tierra nos pertenecen a los hombres
Hombre: Si no puedes engendrar un hijo, mucho menos llamar a la lluvia. ¡Bruja! Traes la maldición al pueblo, por tu culpa no llueve, haces conjuros para que no crezca nada en la milpa, como no crece en el interior de tu vientre.
Chano: ¡Maldita seas Gertrudis!
Todos: ¡Maldita!
(Aparece Esteban sudoroso con la bolsa de la comida que le había llevado Gertrudis, se acerca a Gertrudis y tira la bolsa al suelo).
Esteban: ¡Gertrudis, qué has hecho!
Gertrudis: No hecho nada más que soñar mi sueño Esteban. Soy la tiempera y todos interrumpen mi trabajo.
Esteban: ¡Tú no puedes ser tiempera Gertrudis, eres mujer fría!
Gertrudis: Puedo ser todo lo que sueño, y en mi sueño el agua viene, y está fresca, y moja todo, y puedo dar vida. Soy lo que sueño, soy tiempera, el agua quiere venir, pero las dudas del pueblo la detienen, se han olvidado del origen, y yo no se los voy a decir, que el agua y la piedra canten, y que la milpa se vuelva tortilla. Volver, Esteban, volver, siempre hay que volver al principio del camino...
Vieja uno: Tu mujer es bruja, Esteban, será mejor que nos dejes terminar lo que comenzamos.
Esteban: Pide perdón, Gertrudis, por favor, que te van a matar, están locos.
Gertrudis: No puedo pedir perdón, sólo cumplo el servicio que tengo en la tierra. Esteban, yo no nací para criar hijos, pero sí para asegurar el alimento de los otros. Ya te pedí mucho tiempo perdón por eso, ya estoy cansada de que quieran que sea lo que no soy…tiempera, eso soy y si no me apoyas en esto tampoco, no importa.
Esteban: ¡Gertrudis!
Gertrudis: ¡Déjenme en paz!
(Gertrudis se aleja de ellos y continúa su ritual).
Iguanazul 4

Editorial
Imagen de Gustavo Mora
En el segundo número de la revista decidimos abrir la vertiente hacia las lenguas maternas, cuya fecha conmemorativa era oportuna a la publicación, al considerarlas expresión y reflejo de distintas percepciones del universo. Así, nos volcamos hacia la riqueza de las más de 62 lenguas indígenas de nuestro país, entre ellas el zapoteco/diixazá, el totonaco/tutunakuj, el náhuatl/nahu, el zoque, el otomí/hñahñú, el huichol/wirrárica y el mixteco/ñuu savi.
En realidad, más que una temática se convirtió en un surco por el cual hemos caminado a la par de los artistas indígenas quienes han sabido guiarnos con sus experiencias y su visión del mundo. En este tiempo nos adentramos en las diferentes maneras de concebir la vida, el agua, los ciclos y la propia muerte; una verdadera búsqueda por el caracol de sus oficios legados desde los tiempos de los cuales no hay memoria.
Al conocer a diversos creadores y advertir esa otra poética del arte que se une a nuestra actualidad, decidimos hacer una pequeña labor para que sus palabras e imágenes vuelen.
Hoy, en este transcurrir de los meses, tenemos una certeza: que los pueblos primarios de México enriquecen nuestra cultura, de tal manera que al desaparecer su lenguaje se perpetra una pérdida de nosotros mismos, como en el siglo XVI con el mayor genocidio de la historia humana debido a la Conquista de América.
En realidad esta labor no es de un Las Casas, Sahagún o Durán, porque la pretensión es ceder el espacio al autor; que su obra aparezca en el ámbito artístico a la par de los hablantes de otras lenguas; que se ejerza ese principio de alteridad: “El conocimiento de uno mismo pasa por el conocimiento del otro”.
Iguanazul espera ansiosa una nueva época para adentrarnos más a la cosmogonía indígena, de nuestra raíz, y agradece a quienes la han difundido en su entorno.
Iguanazul 2 Sección Índigo
Las imagenes de Iguanazul 2 estuvieron a cargo de:
Francisco Javier Santiago Regalado “Puga”. Nace en Juchitán, Oaxaca en 1959. En 1973 incursiona en la plástica oaxaqueña de forma autodidacta al integrarse al taller del maestro Delfino Marcial Cerqueda. Posteriormente realiza graffitis y murales efímeros con la Asociación de Pintores de Istmo.
Iguanazul 2 Narrativa | Iguanal

Rä zänä mä nänähu
Jaime Chávez Marcos (hñahñu/otomí )
Imagen de Francisco Javier Santiago Regalado, "Puga" (diidxazá/zapoteca)
‘Bu tsa mä di k’ä’tsä nä’ä rä t’ixke rä ñäntho, ge’ä n’ä rä nt’udi bi ‘ñutkä mä nänä nu’mu mi te. Rä n’añ’o’ä rä nt’utuäte ge nä’ä rä t’ixke rä ñañito hense tsa to’o dä k’ä’tsi degä nxui, hingä ‘bu mäpa; ‘bu mäpa hingi ‘bui pa nin’a. T’embi rä t’ixke rä ñäntho nge’ä hinto pädi te rä thuhu ha nde mäske di pe’tsmhä n’ä rä thuhu di pädi xäñho ge hinto dri mänduänjabu. Nu’ä sehe ho ge rä jä’i dä mä ngu ne. Pege ‘bu ya to’o dä ñäui ko rä nt’ek’e t’embäbi rä nänä.
“’Bu gä njo’oua, ‘bu Äjuä xä hñägä rä te, bänte, ogi hegi uä k’ä’tsi nä’ä rä t’ixke rä ñäntho, ge’ä dä ‘ñut’ä ndunthi yä t’ot’e nge’ä ge’ä mägä tsogi gä tsokuäbi”; bi bänte gi mä nänä mi bädi mä dä du. Yä ‘ye hu’ät’i bi njadä rä nzaki pa dä hñäkä rä thebe bi ‘raki: “hñä gi tode” bi ‘ñengi ne bi hue’tä yä da pa nzäntho. Nepu du mä nänä dä pe’tsä rä nzaki dä mä dä handä nä’ä rä t’ixke rä ñäntho, di sehe, hinto dä me’be.
‘Bui yabu rä poblo, ha n’a rä ñäntho petsä rä hmi degä ‘ba, rä ngu ge rä hñä, pege rä kut’i xä hyoki ko yä ‘rots’e dega zagät’ähi ne rä njo’mi degä pext’o. Hingi ‘buse, pets’ä n’ä rä hyoya nxutsi fats’i.
Rä t’ixke rä ñäntho pet’sä mäts’u ndunthi rä n’a nthebe njeya.T’enä ge mrä mixka mä ngande, nu’bu myä tsani, ge enä mi ñ’engä hñä bätsi; mä ngande bi du ot’ä ndunthi, ko n’a nthebe ne ‘ret’ä geya, mä nänä bi du ko rä go’rate mä ‘ret’ä mä guto njeya, ha nu rä tixke rä ñäntho pe’ztho rä te pa ri ‘ñehni...ngu hinte embi. ‘Bu gä andui: “nänä, ¿ngu hängu njeya gi pe’tsi?”, nde thätkägi ge hense mä zinänähu rä zänä pädi. Nde nuga di kamfribi nge’ä hingä to’o män’ä rä ‘behñä, nde ge’ä rä t’ixke rä ñäntho.
Du mä nänä dä ma nuni ha rä hnini M’onda mä dä mpefi pa bi za dä munts’i n’ä tuki rä bojä, dä ‘yoni n’a njeya nixi dä ehe ha rä poblo ne nu’bu dä pengi mä mudi nts’onte dä ma ha nä’ä rä ñäntho pe’tsä rä hmi ngu rä ‘ba.
Mi du rä hyadi dä ju n’a rä pat’i degä xi’yo ne dä m’edi ha rä ‘bexui rä xui, rä m’i’ki dä fudi dä ma di sehe dä k’ä’tsi’ä rä t’ixke rä ñäntho.
Dä ‘yo n’atui bi m’ui rä zänä mäñä ha nä’ä rä ñäntho ngu rä ‘ba, mä yabu, ha ‘bu na’ä rä t’ixke. Nde ja di gehni dä tsoni ndä handi ge rä yate zänä nubye mi huxä mäñä mä ngu habu dä poni. Dä ot’e dä tsoni nu miso bi ‘yot’e rä zänä bi zongä ha mä ngu.
Ndi ne gä kut’i ha nä’ä rä hñä dä mpunts’i gä handi rä zänä, xi ja mi huxnitho, xki njuaxä ha rä njo’mi mähets’i mi su mä ngu ne rä t’ähä yä jä’i.
Xtä ho hmä xtä handä mäts’u’ä rä zänä pege, rä mfoge n’ä rä tsat’yo bi gäbgä mä ñhe’ti mähetsi. Ge mrä tsat’yo rä tiempo t’embi, rä sunte rä ñäntho. “Te ja tiempo, nde ‘ñenä hingi päki, ge uägeki…” dä embi ne dä utä ‘ra yä hme ndi hñä xti do’ti xti ent’ä mbo mä pat’i gä xi’yo; nde bi bäkägi mä noya ne bi joni bi deskä mä zesthi ngu n’ä rä njamädi’ä rä nt’uni.
“Tsaya iho, ndi top’ätho, ndi pädi ge gi tsoho bye”, bi ‘ñengä’ä rä t’ixke, xä m’a ha rä kut’i rä hñä ko rä njuspi ha rä ‘ye. Ha rä ndo’yo mi yot’i rä huexkä ñot’i’ä rä zänä. Mi ‘bahni ko rä mangode mi ku’mbä yä thexjiua ne xä ñhexä ko n’a rä ‘bodäx’o hi mi hopi dä nhek’ä rä hmi ni rä nt’axñä.
—Gi de nänä_ dä zenjue, dä ndänebi rä ‘ye —Dä ehe ko rä bänte ndu mä nänä.
—Thogi iho, gehnä ri ngu._Bi zingägi ko n’a rä hmätenänä ne bi jaki dä pähä’ä rä ñuni rä t’uts’i.
M’efa gä kuthe mbo dä to’mi bä tso rä njuspi’ä rä t’ixke ha rä hai ndetho thi. Dä handi hanja’ä rä ‘bifi rä t’uts’i bi mudi bi bots’e ngu n’a rä pot’ä thähi mi xot’i ne bi zudi bä thuni, ‘ramäts’u, rä xi rä zänä; un’ä bi nutkähe mäñho di yohohe ngu ‘ñenä mi xikhe gä thogihe mbo’ä rä hñä.
‘Bu m’efa ngu ndi tsu gä kut’i ndi hu mbo, ndi hudi ha n’a rä tsanä thuhni degä za, rä ñuni rä ndunthi yä ndäpo xänk’amtho ne xä’ot’i, xä munts’i mbo, bi jaki dä tsa ndi ‘bu mä ngu nge’ä ya xti ‘bukua mä’ra yä pa, nu’mu ndi ñ’o’be ndu mä nänä.
Rä tsibi rä nespi hense’ä mi yot’i gi he. Bi nixä mä da n’a rä ‘yotänsihni xki thoki ha rä hyo rä jädo rä hñä.
—Gehni rä k’oi gä hogägi, rä gäts’i uä ñ’oui ri nänä, ngrä tsanitho pege ya ngi pädi gi hyoki yä k’oi; nde xä xkä te ndunthi. ¿Gi beni? Bi ‘yangägi, bi nthede.
—Bu hixkä bengi, nuga…nixi hinä. —Dä thäti.
Dä kohi dä nuu’ä rä k’oi ne bi kaki dä bengä mä m’u mbätsi, un mä nänä ne mä njamfri. Nixi ndi kamfri’ä xti hok’ä rä k’oi, xä dä nu’ti ne dä tini, ge’ä mrä k’oi, sehe, rä xekä zänä ge mi zudi nu mote, nä’ä rä orä. Nja’ti rä k’oi’ä rä zänä mi ja ‘ra yä doni xä ts’amähotho mi o ha n’a rä ts’e degä hai ne ha nja’ti ha rä hai mi ‘bengä n’a rä ‘ra’yoxifi pa un yä jä’i mi pa rä nthuki. Bi kaki dä beni n’ä tuki…ne dä danguenda ndañ’ä xämäjuäni rä ‘befi rä thokä k’oi: rä ndänjamfri.
—Rä zänä ge mä nänähu. —Rä noya’ä rä t’ixke bi gui mä njotäne ne bi gu mä n’aki. —Mä ja te gä ‘ra’i.
Dä handi ja te bä häi ngu n’ä rä zinthähi. Mrä thebe.
—Mähyetho konge nunä bi zogä mä nänä_dä embi.
—Hähä, nge’ä bi thoki mähyegi konge nuya mä ‘ye. —Bi xiki xäñho. —Rä pa ri ngande bi juati yä n’a nthebe njeya bi ‘ñehe kongeki pa bi ‘yapänjamädi’ä rä nänäzänä nge’ä xki juatä yä kut’a te ha dä umbä nu’ä rä thebe gi hñä xkä tode, ko yä kut’a ts’idethä degä do xä thokä xäñho,ge mä nja ‘ñenä n’a rä te ngu n’a mä n’a rä ntsidethä. HängÄ njabu nunä thebe di ‘ra’i, pa ge’e zehe, hense pe’tsi n’a ntsi rä dethä nge’ä ja hense gä juatä n’ä rä te.
—Xiki xäñho terä’be’u nuyä te, nänä, nge’ä xämäjuäni hindi padi ni n’a tuki.
Rä nxutsi, rä nfats’i, bi k’askähe pa bi xekhe rä t’ei degä juni ko rä t’afi, nepu rä t’ixke bi mudi bi ñä: “Xä ñho uä ehe iho, ndi pädi ge gi tsoho. Ndä hant’ä mote hindä pä’ä’i nge’ä xkä te ndunthi, pege ko un’ä rä thebe gi hñä xkä tode dä pädi ge uäge’e. Nu rä paya bi uadi n’a njeya bi du ri nänä, nubye xki juati hmähä yä kut’a te. Ya himbi za bi hñäni rä thebe ko yä kut’a nts’idethä, pege xi jaua ha ngu n’a rä feni sehe mägä ts’utuäbi n’andi hä rä k’oi rä zänä gä hoki nge’ä ge ja di gehni ‘bui bye, ko mä nänähu rä zänä.
Mä pam’uihu terimatho mähyegi ko rä ma rä zänä, tat’ä n’ate njeya di juatihu n’a rä mpengi rä te, hängä njabu rä ‘bede n’ate enä hñähñu n’a rä te, ha rä ‘bede n’a nthebe, hñähñu, enä n’a rä thebe. Nubye gä pädi teriboñ’u yä thebe, beni ge huxthoho yä jä’i di tode. Rä ‘bede n’ate di ñhu’ti ko n’a rä nts’i rä dethä nge’ä rä dethä go ‘räkhu’ä rä te, ko rä juni dethä bi za bi t’umbä rä ‘bai yä jä’i.
Nepye, dä juadi dä ñähe mbo ha rä hñä dä poñhe mote pa dä xatuähe rä zänä pa hindä du. Nunä gehnä rä ‘befi ot’e hä nximhai nu’ä rä t’ixke rä ñäntho, dä su rä zänä pa hindä du nu’bu yä xui rä zänä ‘ñenä tu, nge’ä rä zänä mä nänähu.
La luna es nuestra madre
Cada vez que puedo voy a visitar a la vieja de la montaña, es una costumbre que me enseñó mi mamá cuando vivía. Lo raro de la costumbre es que a la vieja la van a ver de noche, nunca de día; durante el día ella no existe para nadie. Le dicen la vieja de la montaña porque nadie sabe cómo se llama, y aunque tuviera algún nombre, estoy seguro de que nadie la llamaría así. A ella misma le gusta que la gente se exprese como quiere. Aunque ya al momento de tratarla por respeto la llaman madre.
“Cuando ya no esté contigo, cuando A’juä (el Verdadero) me haya quitado la vida, por favor, no dejes de visitar a la vieja de la montaña, ella te enseñará muchas cosas, es el favor que le he pedido”, me suplicó mi mamá cuando supo que se iba a morir. Sus manos, temblorosas, todavía tuvieron fuerzas para quitarse su collar y entregármelo: “llévatelo puesto”, me dijo, y cerró los ojos para siempre.
Después de muerta mi mamá, tuve el valor de ir a ver a la vieja de la montaña, solo, ya sin compañía.
Vive lejos del pueblo, en una montaña que tiene la forma de chichi, su casa es una cueva, pero la entrada está construida con sostenes de palos de mezquite y el techo de pext’o* seco. No vive sola, tiene a una muchacha, huérfana, de ayudante.
La vieja tiene mucho más de 100 años de edad. Dicen que fue muy amiga de mi abuela, cuando niñas, y que jugaban a ser parteras. Mi abuela murió hace mucho tiempo, a la edad de 110 años, mi mamá murió a la edad de 99 años, y la vieja aún le queda mucha vida para rato… como sin nada. Cuando le pregunto: “madre, ¿como cuántos años tiene?”, me contesta que sólo nuestra madrecita luna lo sabe. Y yo le creo porque no es cualquier mujer, ella es la vieja de la montaña.
Muerta mi mamá me fui a la ciudad de México para trabajar y juntar algo de dinero. Duré todo un año sin venir al pueblo, y cuando regresé mi primera visita fue a aquella montaña que tiene la forma de chichi.
Muerto el sol, agarré un abrigo de lana y me perdí en la oscuridad de la noche, la vez que comencé a ir solo a visitar a la vieja.
Caminando algo… nació la luna por sobre la montaña, a lo lejos, donde vive la vieja. Y hasta allá llegué cuando la luna tramposa ahora se posaba sobre la casa, de donde había yo salido. Me tardé en llegar a la montaña el tiempo en que la luna se tardó en llegar a mi casa, sin darme cuenta a qué hora nos habíamos cruzado.
Antes de querer entrar a la cueva volteé para observar a la luna, allá estaba, recargada sobre el techo del cielo cuidando mi casa y el sueño de la gente.
Me hubiera gustado seguir viendo nomás a la luna, pero el ladrido de un perro me bajó la mirada del cielo. Era el perro tiempo, el vigilante de la montaña. “¡Qué pasó tiempo, a poco ya no me reconoces, soy yo!”, le dije y le mostré unas cuantas tortillas hechas tacos que traía dobladas dentro de mi abrigo de lana; desde luego que me reconoció la voz y se me acercó a lamerme los huaraches en agradecimiento al rico obsequio.
“Adelante hijo, te estaba esperando, sabía que ibas a llegar hoy”, me dijo la vieja, parada en la entrada de la cueva con su sahumador en las manos. En su cuerpo se reflejaba la blanca luz de la luna. Allí estaba con su falda larga cubriéndole los pies descalzos y envuelta con una oscura cobija que poco le dejaba ver su cara y su cabello cano.
—Buenas noches madre. —La saludé, besándole la mano. —Vengo por recomendación de mi difunta mamá.
—Pásate hijo, ésta es tu casa. —Me recibió con voz maternal y me hizo aspirar el aroma del copal.
Antes de pasarnos adentro esperé a que la vieja fuera a dejar en el suelo su sahumador, en medio del patio. Vi que el humo del copal ascendió como hilo morado que se desmadejaba hasta alcanzar, casi a tocar, suavemente, la piel de la luna; ella nos sonrió a los dos como asintiendo a que pasáramos al interior de la cueva.
Si antes de entrar me sentía algo temeroso, ya adentro, sentado sobre un pequeño banco de madera, el aroma de las distintas yerbas frescas, amontonadas alrededor de nosotros, me hizo sentir familiar puesto que había estado otras veces ahí, cuando acompañaba a mi mamá.
La lumbre del fogón era lo único que nos alumbraba. Me llamó la atención un extraño garabato dibujado en la pared de la caverna.
—Es el dibujo que me hiciste la última vez que acompañaste a tu mamá, todavía estabas muy pequeño pero sabías hacer dibujos. ¡Cómo has crecido mucho y cambiado bastante! ¿Te acuerdas? —Me preguntó sonriendo.
—Si usted no me lo recuerda, yo…para nada. —Le contesté.
Me quedé observando el dibujo que hizo recordar mi infancia y mis sueños. No podía creer lo que mis manos de niño habían plasmado, lo seguí mirando y descubrí: era el mismísimo retrato del pedazo de luna que estaba colgada allá afuera y sobre mi casa en ese instante. Debajo de la silueta de la luna había unas hermosas flores adentro de una olla de barro, y sobre el suelo de tierra un petate casi nuevo para acostar a la gente que va por una limpia. Por un momento me puse a reflexionar… y comprendí cuál era la verdadera utilidad del dibujo: su poder mágico.
—La luna es nuestra madre. —La voz de la vieja rompió mi breve silencio y continuó. —Te voy a traer algo.
De algún lugar vi que sacó algo como una cuerdita. Era un collar parecido al que yo traía en el cuello.
—Se parece a este que dejó mi mamá. —Le comenté.
—Sí, porque fueron hechos con estas mismas manos. —Me aclaró. —El día que tu abuelita cumplió los 100 años de edad vino conmigo para agradecerle a la madre luna por las cinco vidas que había cumplido, y le regalé ese collar que traes puesto, con sus cinco granos de maíz que significa una vida por cada grano.
—Explícame cómo está eso de las vidas, madre, porque la verdad, no entiendo nada.
La muchacha, su ayudante, nos interrumpió para ofrecernos atole de masa de maíz endulzado con aguamiel. Luego la vieja comenzó a hablar:
“Qué bueno que viniste hijo, sabía que ibas a llegar. Cuando apareciste allá afuera no te reconocí porque has crecido bastante, pero por el collar que traes contigo supe que eras tú. Hoy se cumple un año de que se murió tu mamá, hoy cumpliría sus cinco vidas. Ella no pudo recoger su collar, pero está ahora con nuestra madre luna.
“Nuestros tiempos de vida dependen de los ciclos de la luna. Cada 20 años cumplimos un ciclo de vida, por eso 20 se dice en otomí n’ate que quiere decir una vida y 100, que corresponde a cinco veces 20 se dice n’a nthebe que quiere decir un collar. Ahora sabes el significado de los collares, comprenderás que son pocas las personas que los portan. El número 20 se representa con un grano de maíz porque el maíz nos da la vida, con masa de maíz fueron creados los primeros hombres”.
Después de la plática adentro de la cueva, salimos para orar por la luna, para que no muriera. Ése es el oficio que cumple en este mundo la vieja de la montaña, cuidar de que no muera la luna cuando en las noches decrece, porque la luna es nuestra madre.
*pext’o (capulín)
Iguanazul 2 Poesía | Cobalto

Zok te soki
Rubén De Leo Martínez
tsojtpamø y tø’pamø jama
tsyajkpa kyosantøjk jama’is
soki’is kyosantøjkse
popo’ajkuy
na’m kyotokoyupø sønkøy
ka’pa antunkøsi
sønpa
‘yukakøsi tsyømpa tyøjk
sawa’omo jin pyate tyuk
tsunpamø sønkøy
kopø’nis wyit
jene yu’nyu’npapø
sawa’is sujwitu’pa
tome pøt
tome yomo
mtøjtspik y mse’yupik
n’ijtkopujtpamø
po’nyi
japa’pa
kisintøjkomo nø’kømøpø soki
po’pama nø
motnumø a’nøpya
sawa’is wyane
wo’tyajupø sokise
mityaju ya’ajkata’mpø
wøpø nøkø’mo
wo’myaju ejtsyajpapø
yø’ki susyajpa te kapesustøjk
yø’ki susyajpa te kapetam
yø’ki ejtspa tsyaluka møjatsa’køsi
tsyaluka
tsyaluka’une
ta’nomopø soki
pa’akpø nøkø’mo
msø’nkøy kojtanne’kyaju
Zoc, el caracol
De oriente a poniente
deja su trazo el sol
como rastro de caracol.
Blancura del celaje
luz última
sucumbe en la umbría
resplandor
del molusco.
A lomo carga su casa:
laberinto del aire
por donde asoma el día.
Cuerpo del animal:
extensa blandura
espiral del viento
Casi hombre
Casi mujer
Por tu lengua y pulmón
fluye la vida
lenta
a rastra.
Caracol del río de los sabinos
del agua naciente
suena en tu envoltura
la música del viento.

